5.Conclusiones.
De todo lo
dicho anteriormente, pueden extraerse las siguientes conclusiones
en torno al VHC y su transmisión por transfusión de
sangre.
A. Las
hepatitis víricas constituyen un conjunto de patologías
de etiología diversa que responden a la infección de
los hepatocitos por determinados virus. Algunos de estos virus pueden
eludir los mecanismos de eliminación inmune y establecer una
infección crónica en el hígado. El VHC, descubierto
en 1989, es uno de ellos.
B. Las
infecciones crónicas producidas por los virus de la hepatitis
pueden ser causa de una enfermedad crónica que evoluciona en
el tiempo y que recibe el nombre de hepatitis vírica crónica.
No obstante, esto no ocurre siempre y existen pacientes que sufren
la infección vírica crónica sin enfermar. Las
hepatitis víricas crónicas acostumbran a cursar durante
muchos años sin producir síntomas de enfermedad y su
diagnóstico solo puede establecerse con seguridad mediante
técnicas anatomopatológicas, tras obtener muestras de
tejido hepático por biopsia.
C. Sólo
pueden etiquetarse como víricas aquellas hepatitis cuya etiología
haya sido establecida tras realizar los pertinenetes estudios de diagnóstico
etiológico en el laboratorio. Cuando estos estudios no rinden
hallazgos significativos, el diagnóstico de hepatitis vírica
será meramente presuntivo.
D. El diagnóstico
etiológico de la hepatitis C se realiza mediante detección
de anticuerpos específicos en suero y detección directa
del virus mediante técnicas de amplificación genómica
o de detección de antígenos.
E. Los
terminos hepatitis no A no B y virus de la hepatitis No A No B fueron
formulados sobre la base de la ignorancia y reflejaron tan solo el
fracaso de los esfuerzos que, durante muchos años, se realizaron
para tratar de identificar otros virus causantes de hepatitis distintos
del VHA y el VHB. Por tanto, no debe entenderse en ningún caso
que els egundo término se utilizara para identificar ningún
agente del que se conociera nada que pudiera servir como base para
su detección. Tras el descubrimiento del VHE y el VHC, estos
términos carecen de sentido y no deben ser tomados en consideración
a ningún efecto.
F. El cribado
de las hemodonaciones mediante técnicas de detección
de anticuerpos específicos es el único procedddimiento
eficaz para prevenir la transmisión del VHC a través
de las transfusiones de sangre. Su uso obligado en los bancos de sangre
ha erradicado virtualñmente la hepatitis C postransfusional
en España. Otras medidas adicionales, ya efectivas o en vías
de adopción, introducen garantías añadidas en
lo que se refiere a la seguridad viral de los hemoderivados y permitirán
eliminar el riesgo residual que aún suponen las donaciones
realizadas duarnte el periodo de ventana de la infección Existen
razones técnicas y logísticas suficientes para justificar
que la adopción de tales medidas se haya retrasado en el tiempo.
G. Antes
de la puesta a disposición de los primeros métodos estandarizados
para la detección de anticuerpos frente al VHC (último
trimestre de 1989) no existía ningún procedimiento o
marcador analítico que permitiera identificar las uniodades
de sangre infectadas o prevenir eficazmente la transmisión
transfusional del VHC. La efuicacia de los llamados "marcadores
indirectos de la HNANB" fue siempre dudosa y, en España,
su puesta en práctica hubiera traido ocnsigo un costo sanitario
elevado en términos de unidades de sangre útiles e inocuas
que habrían resultado eliminadas.
H. Aún
cuando la transfusión de sangre y hemoderivados con anterioridad
a octubre de 1990 entrañó un riesgo significativo de
transmisión del VHC, existen y siempre han existido otra forma
de transmisión del virus que deben considerarse cuidadosamente
al juzgar la procedencia de la infección en cualquier persona
que recibiera ese tipo de terapias antes de esa fecha. Las pruebas
que permiten evaluar científicamente la procedencia de la infección
son complejas y requieren analizar datos y materiales que rara vez
estarán disponibles. En ausencia de tales pruebas y aún
cuando las investigaciones no permitan identificar un elemento de
riesgo alternativo a la transfusión, el juicio final habrá
de fundamentarse en una mera estimación de probabilidades,
ya que nunca podrá hacerlo en evidencias sólidas.
Madrid,
enero 2001.